Psiquiatras Españoles Revelan Decálogo de Urgencias en Salud Mental

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La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) ha divulgado un conjunto de diez puntos clave que abordan las inquietudes más significativas de los psiquiatras en el contexto actual de la salud mental. Este informe, presentado en un encuentro con la prensa, destaca desafíos como el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión, especialmente entre la población joven, y la necesidad urgente de una mayor concienciación y recursos en el sector.

En el acto de presentación, Marina Díaz, presidenta de la SEPSM y jefa de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, enfatizó la gravedad del momento que atraviesa la salud mental en España. Estuvo acompañada por distinguidos colegas como Josep Antoni Ramos Quiroga, jefe de servicio de psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron; Pilar Saiz, catedrática de la Universidad de Oviedo; y Pilar Carmen Moreno, jefa de sección en el Hospital Universitario de La Paz de Madrid. Juntos, expusieron las diez preocupaciones principales que configuran el decálogo.

Uno de los primeros puntos aborda la confusión frecuente entre la figura del psiquiatra y la del psicólogo. Los psiquiatras recalcan su formación médica, que les permite diagnosticar, solicitar pruebas, prescribir tratamientos psicofarmacológicos y ofrecer psicoterapia para trastornos mentales. Subrayan una escasez de psiquiatras en España, con una media de 12 por cada 100.000 habitantes, cifra muy inferior a los 18-20 de países vecinos. Además, una parte considerable de estos profesionales se acerca a la edad de jubilación, agravando la brecha existente.

Otro aspecto crucial es la distinción entre el malestar cotidiano y un trastorno mental. Si bien las emociones negativas y el estrés son parte inherente de la vida y suelen ser pasajeros, un trastorno mental implica un sufrimiento profundo que impacta todos los aspectos de la existencia de una persona. Los psiquiatras advierten sobre la tendencia a "psiquiatrizar" las emociones comunes, lo que puede saturar los servicios de salud mental y dificultar el acceso para quienes realmente padecen trastornos graves. El origen de las enfermedades mentales es complejo, involucrando factores biológicos, psicológicos y sociales.

Las redes sociales representan un desafío creciente para la juventud. Aunque pueden ser herramientas para explorar intereses y conectar, su uso intensivo se asocia con mayor ansiedad, depresión y estrés. Fomentan la comparación constante y la idealización, afectando particularmente a los adolescentes. Se reconoce su potencial para difundir mensajes de prevención, pero se insiste en la necesidad de reforzar la alfabetización digital y el pensamiento crítico. Los especialistas abogan por proteger la vida fuera de las pantallas, priorizando el ocio presencial y las relaciones cara a cara. Medidas como retrasar la edad de acceso y limitar el tiempo de uso de dispositivos se consideran fundamentales.

El suicidio es otra de las graves preocupaciones, calificado como un problema de salud pública prevenible. Datos revelan que solo una cuarta parte de quienes fallecen por suicidio habían recibido atención especializada en salud mental previamente. El decálogo propone la detección sistemática del riesgo, asegurar la continuidad asistencial tras un intento, un abordaje integral y la unificación de planes preventivos a nivel nacional.

En cuanto al cannabis, los psiquiatras alertan sobre su "banalización". Advierten que los mensajes que lo presentan como inofensivo sin contextualizar sus riesgos son especialmente engañosos para los adolescentes, quienes subestiman el daño potencial. Destacan que las políticas de regulación y la narrativa pública influyen directamente en la percepción del riesgo y en las conductas de consumo de los jóvenes.

La humanización en psiquiatría es un objetivo primordial, enfocándose en la dignidad y autonomía de los pacientes. Se busca promover relaciones terapéuticas basadas en el respeto y la empatía, donde la contención física sea el último recurso. Asimismo, se aborda el rechazo a los tratamientos psicofarmacológicos, que se atribuye al miedo a los efectos secundarios, la desinformación y el estigma. Los psiquiatras enfatizan la alta eficacia y seguridad de estos medicamentos, promoviendo un enfoque integrador y transparente en la toma de decisiones compartidas con los pacientes.

La estigmatización de técnicas de neuromodulación, como la estimulación magnética transcraneal o la terapia electroconvulsiva, es un punto que la SEPSM considera crucial desmitificar. Afirman que son herramientas muy eficaces y seguras para tratar trastornos psiquiátricos graves y resistentes, y que el estigma actual, a pesar de procedimientos más precisos y menos invasivos, genera reticencias infundadas.

Finalmente, el decálogo señala el culto excesivo al cuerpo y a la vida saludable como un factor que puede desencadenar enfermedades mentales, especialmente trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia. Estos trastornos, más frecuentes en mujeres adolescentes, suelen coexistir con otras afecciones psiquiátricas cuando la preocupación por el físico y la alimentación se vuelve obsesiva. La innovación en psiquiatría, mediante investigación y el desarrollo de nuevas estrategias farmacológicas y terapias biológicas, es considerada una prioridad estratégica para ofrecer una atención más personalizada y basada en la evidencia.

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