Las enfermedades reumáticas autoinmunes sistémicas, conocidas como ERAS, son patologías crónicas que a menudo se presentan en brotes. Estas dolencias no se limitan a afectar articulaciones u órganos específicos; además, ejercen una considerable influencia en el bienestar psicológico de los individuos, propiciando la aparición de síntomas como la ansiedad y la depresión. La invisibilidad de muchos de estos síntomas aún agrava más la situación de los afectados.
Durante el 11º Simposio de EAS de la Sociedad Española de Reumatología (SER), el doctor Rafael B. Melero, reumatólogo del Complejo Hospitalario de Ourense, destacó que las implicaciones emocionales en pacientes con ERAS no son un hecho aislado. Estudios previos han revelado que estos pacientes experimentan tasas más elevadas de ansiedad y depresión en comparación con la población general. En afecciones como el lupus, por ejemplo, se estima que alrededor de un tercio de los pacientes pueden desarrollar síntomas depresivos en algún momento, siendo la ansiedad una manifestación aún más común. El Dr. Melero también señaló la interconexión entre la inflamación sistémica y los circuitos cerebrales vinculados a la motivación y el estado de ánimo, además de la sensación de incomprensión que muchos pacientes experimentan debido a la naturaleza oculta de sus síntomas, lo que puede conducir al aislamiento social.
Ana Vázquez, presidenta de la Liga Reumatológica Española (LIRE) y de la Liga Reumatológica Gallega, también expresó su preocupación, advirtiendo sobre cómo el dolor, la pérdida de funcionalidad y las comorbilidades asociadas a estas enfermedades generan ansiedad y depresión. Estos factores impactan negativamente en la productividad laboral y escolar, así como en la participación social. Según Vázquez, el 99% de los pacientes que buscan apoyo en estas asociaciones requieren tratamiento psicológico, el 92% terapia ocupacional y el 65% atención logopédica para abordar los daños emocionales, cognitivos y psicofuncionales. Nuria Carballeda, presidenta de la Asociación Gallega de Lupus (AGAL) y miembro de la Junta Directiva de Felupus, enfatizó la demanda histórica de las organizaciones de pacientes autoinmunes para que se reconozca el impacto mental de estas enfermedades.
El diagnóstico de una enfermedad autoinmune sistémica altera drásticamente la vida de una persona, llevando a la pérdida de autonomía, la necesidad de medicación diaria y el dolor constante, lo que inevitablemente desencadena procesos de ansiedad, depresión o miedo. Por lo tanto, el reconocimiento de esta realidad es crucial para proporcionar el apoyo adecuado. El Dr. Melero insistió en que la salud emocional no debe considerarse un aspecto secundario, sino una parte integral del tratamiento médico. Abordarla implica controlar la actividad de la enfermedad de la mejor manera posible, ya que reducir la inflamación a menudo mejora el dolor, la energía y la función, lo que a su vez repercute positivamente en el estado de ánimo. Además de los fármacos, intervenciones como el ejercicio físico adaptado y progresivo han demostrado mejorar la fatiga, el dolor y el bienestar emocional.
El verdadero progreso en el control de estas enfermedades no radica únicamente en la reducción de la actividad inflamatoria, sino en permitir que los pacientes logren una vida más plena y autónoma. Esto requiere un enfoque verdaderamente holístico e integrador. El Dr. José Mª Pego Reigosa, presidente del comité organizador local del 11º Simposio de EAS de la Sociedad Española de Reumatología (SER), concluyó que un diagnóstico temprano, tratamientos adecuados y un abordaje multidisciplinario pueden marcar una gran diferencia, posibilitando una vida activa y normal para los afectados.