La Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL) celebra una importante victoria judicial que transformará la gestión de la población de lobos en España. Las recientes sentencias del Tribunal Supremo han puesto un freno definitivo a la práctica de la caza descontrolada de lobos en regiones como Asturias y Cantabria, una medida que ASCEL califica como el fin de la "muerte irracional e indiscriminada" de estos animales. La jurisprudencia establecida por el alto tribunal subraya la necesidad de que cualquier intervención que implique la eliminación de lobos sea estrictamente excepcional y esté basada en criterios científicos rigurosos, en lugar de los antiguos "cupos" que permitían una caza menos justificada.
Estas decisiones judiciales no solo invalidan autorizaciones de caza previas, sino que también establecen un precedente crucial. El Supremo ha enfatizado que las comunidades autónomas, aunque tienen competencias en la gestión del lobo, deben adherirse a las directrices de la Unión Europea, especialmente la Directiva Hábitats. Esto implica que la eliminación de lobos solo será permisible cuando no existan otras alternativas para prevenir daños al ganado, y siempre que se demuestre un buen estado de conservación de la especie a través de estudios exhaustivos. Además, se exige que la "extracción" de ejemplares sea selectiva, reconociendo el impacto negativo que la eliminación indiscriminada puede tener en la estructura y estabilidad de las manadas.
La comunidad científica ha advertido que la población actual de lobos, cifrada en 333 manadas en el censo de 2025, aún está por debajo del umbral mínimo necesario para garantizar su viabilidad genética. Las sentencias del Supremo refuerzan la necesidad de proteger a la especie, impidiendo su muerte salvo en circunstancias extremas y bajo un escrutinio riguroso. Este cambio representa un paso adelante en la conservación del lobo ibérico, promoviendo un equilibrio entre la coexistencia con la ganadería y la preservación de la biodiversidad.
Estas resoluciones judiciales representan un avance significativo en la protección de la fauna salvaje y la implementación de políticas ambientales más responsables. Al exigir que las decisiones sobre la gestión de especies protegidas se basen en evidencia científica y en el principio de excepcionalidad, el Tribunal Supremo sienta las bases para una coexistencia más armoniosa entre los humanos y la naturaleza, reconociendo el valor intrínseco de cada especie en el ecosistema.