Estrategias Parentales para Manejar Conflictos entre Hermanos

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En el ámbito familiar, es frecuente observar desacuerdos entre hermanos, ya sea en la intimidad del hogar o en espacios públicos. Esta dinámica, común en diversas etapas del desarrollo, a menudo genera sentimientos de desamparo en los padres, quienes se preocupan por la escalada de las discusiones, tanto verbales como físicas. Resulta crucial no subestimar estos episodios, bajo la premisa de que son 'cosas de niños'. Una intervención oportuna y la enseñanza de métodos de comunicación más constructivos son vitales para el desarrollo emocional de los hijos.

Según la neurocientífica y psicóloga, Dra. Erika Proal, los conflictos fraternales activan intensamente los centros emocionales del cerebro, impidiendo el razonamiento lógico. Los niños utilizan estas confrontaciones como un modo de liberar tensiones acumuladas y explorar las dinámicas de poder dentro de la familia, buscando la atención parental. Este comportamiento no es malintencionado, sino una faceta natural del aprendizaje social y la autorregulación. La serenidad de los padres actúa como un regulador, ayudando a los pequeños a calmarse y a activar su capacidad de raciocinio.

Para manejar estas situaciones, la Dra. Proal sugiere un enfoque de cinco fases. La primera consiste en detener la riña con una "señal de corte" firme pero sin elevar la voz, como un "¡Basta ya!". Los límites concisos son efectivos para frenar la escalada emocional. La segunda fase implica establecer una norma sencilla y directa, sin discursos prolongados, utilizando frases como “Cada cosa tiene su momento y lugar” o “Aquí no se toleran los insultos”, lo que facilita la asimilación del mensaje. El tercer paso es el control físico del espacio, ubicándose entre los niños o designando sus respectivos lugares, acompañado de una instrucción breve como: “Cada uno en su sitio. Se acabó”. Esta acción física ayuda a mitigar la sobrecarga sensorial y a facilitar la recuperación de la calma.

La cuarta fase se centra en la "instrucción inmediata", proporcionando una tarea específica que redirija su energía, como “Tú a mi derecha, tú a mi izquierda” o “Respiraremos tres veces”. Estas instrucciones activan la corteza prefrontal, promoviendo el autocontrol y la inhibición de impulsos agresivos. Finalmente, la "revisión diferida" es fundamental. Una vez que todos están tranquilos y en privado, se debe discutir lo sucedido: “Hoy hubo insultos y gritos en público, algo que no está permitido. ¿Cómo podemos manejar esto de forma diferente la próxima vez?”. Es importante recalcar que, aunque la ira es natural, su expresión no debe dañar a otros. Preguntarles “¿De qué otra forma pueden expresar esa emoción?” les ayuda a procesar la experiencia y a desarrollar respuestas más maduras. La experta enfatiza que la calma parental es clave para que los niños aprendan a gestionar sus propias emociones y conflictos.

Los especialistas de Aserrín Mx advierten sobre ciertas acciones que deben evitarse al enfrentar estas situaciones. Es contraproducente culpar al hermano mayor, asumir que siempre es el iniciador, o ignorar los conflictos bajo la creencia de que se resolverán solos, ya que los niños necesitan guía. También es importante mantener la imparcialidad y no tomar partido por ninguno de los hijos. Evitar castigos severos, ya que aún están en proceso de aprender a interactuar, y no forzar el perdón, pues este debe ser genuino. Al aplicar estos consejos, los padres pueden abordar las disputas entre hermanos de manera más saludable y efectiva, promoviendo el entendimiento y el acompañamiento en su crecimiento.

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