La antigua máxima atribuida a Hipócrates, “Que tu alimento sea tu medicina”, adquiere una nueva relevancia en nuestro tiempo, especialmente en el ámbito de la nutrición y el bienestar. El ayuno intermitente, una práctica defendida por el padre de la medicina como un “médico interno” capaz de activar los mecanismos de reparación del organismo, ha resurgido con fuerza. Hoy, este método ancestral se encuentra en el epicentro de la investigación científica, que, con ciertas salvedades, respalda sus beneficios para la salud. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud no lo ha integrado en sus directrices oficiales para la prevención de enfermedades crónicas, numerosos estudios revelan efectos positivos en la mejora metabólica y la gestión del peso, siempre que su implementación se realice bajo una supervisión profesional adecuada.
El Redescubrimiento del Ayuno Intermitente: Una Práctica Milenaria en la Era Moderna
El 21 de febrero de 2026, la nutricionista Natalia de la Rosa Ochoa subrayó que el ayuno intermitente no es una novedad, sino una estrategia nutricional con raíces profundas en la historia. En la antigua Grecia, pensadores como Hipócrates ya valoraban el ayuno como un pilar fundamental para la salud, considerándolo un catalizador de los procesos naturales de curación del cuerpo. Esta práctica, que formaba parte intrínseca de la vida cotidiana en épocas donde la disponibilidad constante de alimentos era una rareza, ha captado nuevamente el interés global. La doctora Lara Victoria, especialista en medicina estética y cofundadora de Lessaging, junto a la doctora Ana Maldonado, destacan que el auge actual del ayuno intermitente se debe, en gran parte, a su potencial para optimizar la composición corporal y la salud metabólica.
Según la explicación de Natalia de la Rosa, el ayuno intermitente se define como un patrón de alimentación que alterna periodos de ingesta con fases de ayuno, en las cuales el consumo calórico es mínimo o nulo. Su esencia no radica tanto en lo que se come, sino en cuándo se come, adaptando los horarios a esquemas específicos como 12:12, 16:8 o 20:4. Existen diversas modalidades, desde el ayuno esporádico hasta el diario, semanal o mensual, cada uno con sus particularidades. La doctora Lara Victoria aconseja iniciar con un protocolo sostenible y ajustado a las necesidades individuales, enfatizando la importancia de mantener una ingesta adecuada de proteínas para preservar la masa muscular.
La evidencia científica, aunque todavía en desarrollo en humanos para efectos a largo plazo, ya apunta a beneficios significativos. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine describe que los patrones de alimentación estructurados con periodos de ayuno pueden inducir cambios metabólicos favorables, como la mejora de la presión arterial, la frecuencia cardíaca en reposo y la eficiencia en el uso de la energía por parte del cuerpo. Estos efectos se asocian con marcadores de salud relacionados con el envejecimiento y la respuesta al estrés celular. No obstante, Natalia de la Rosa advierte que el ayuno intermitente no debe catalogarse como inherentemente bueno o malo, sino como una herramienta que, si bien puede ser útil, requiere una evaluación individualizada. Es crucial extremar la precaución en pacientes con antecedentes de trastornos alimentarios o una relación poco saludable con la comida. Además, la especialista subraya que el ayuno no es una dieta para perder peso por sí mismo, sino una estrategia que debe complementarse con una alimentación equilibrada y la educación en hábitos saludables. Sin esta base, puede generar ansiedad, alterar el apetito y provocar deficiencias nutricionales. Con un enfoque adecuado y bajo la guía de un profesional, el ayuno intermitente puede integrarse a largo plazo en el estilo de vida, siempre que no genere malestar o dificultades en la rutina diaria, siendo una herramienta más, no una solución milagrosa.
La sabiduría de Hipócrates, quien consideraba la comida como el principal medicamento, encuentra hoy una resonancia inesperada en el campo de la nutrición moderna. El ayuno intermitente, lejos de ser una moda pasajera, se perfila como una estrategia prometedora para la salud metabólica. Sin embargo, su éxito radica en una aplicación consciente y personalizada. La clave está en comprender que la alimentación va más allá de saciar el hambre; es una herramienta poderosa para el bienestar integral, y el ayuno, cuando se integra con inteligencia y respeto por el propio cuerpo, puede convertirse en un valioso aliado en el camino hacia una vida más sana.